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Características Básicas del Líder Carismático PDF Imprimir E-Mail
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martes, 19 de febrero de 2002

Cuando los judíos griegos se quejaron porque sus viudas no eran atendidas como las viudas de Jerusalén a la hora de servir los alimentos, los apóstoles reunieron a los discípulos para decirles que. No era conveniente que ellos descuidaran la oración y la predicación, por el servicio de las mesas. Los apóstoles sugirieron a la multitud de discípulos, de que entre ellos, escogieran a siete hermanos de buena fama, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría para que se encargaran de repartir los alimentos (Hechos 6:1-6).

Los griegos se quejaban de que sus amadas hermanas viudas no tenían las mismas consideraciones que tenían las viudas israelitas cuando se les servía de comer. Esos discípulos no estaban pidiendo nada para ellos. Ni siquiera estaban pidiendo que se tratara a sus hermanas viudas mejor que a las otras. Ellos habían comprendido que Dios no hace distinción de personas (Romanos 2:11; Job 34:19) y, por tanto, querían que trataran a sus hermanas con la misma dignidad, respeto consideración y atención que a las demás.

Si, los Apóstoles sabían que era evidente de que algo estaba fallando allí. Este fue, el primer problema que encontró la iglesia primitiva: la desigualdad de atención en sus necesitados. Por eso ordenaron que buscaran hombres de buena fama, llenos de Espíritu Santo y llenos de sabiduría para confiarles el oficio de "meseros". Hasta el día de hoy, esas cualidades no han cambiado para aquellos que quieren servir. Es más, San Pablo escribiendo a Timoteo, sentó normas para los aspirantes a obispos y diáconos: Que no se les pueda reprochar nada, maridos de una sola mujer, hombres serios, juiciosos, de buenos modales, que fácilmente reciban en sus casas y sean capaces de enseñar. No deben de ser bebedores ni peleadores, sino indulgentes, amigos de la paz y desinteresados del dinero (1ª Carta a Timoteo 3:2-3). No debe de ser un recién convertido, tiene que ser de buena fama ante los que no pertenecen a la iglesia. (1ª Carta a Timoteo 3:6-7).

¡Qué bello! San Pablo, al igual que los Apóstoles sabía que Dios quiere para el cuidado de sus hijos, únicamente a lo mejor de lo mejor. Pero es aún más bello el saber que en la Renovación Carismática Católica y otros grupos eclesiales, éstas normas son requisitos mínimos para sus servidores. Por favor, pare de leer aquí. En una hoja de papel escriba todas las cualidades antes mencionadas. A la luz del Espíritu Santo, analícelas. Subraye las cualidades que usted no tiene y pida al Señor en oración, que le conceda los requisitos que no están aún bien formados, recordando que éstas características de líder, más que cualidades, son dones de Dios.

Por todas estas cualidades es que los líderes cristianos, son primeros en servicio (Mateo 20:26-27) y a imitación del Hijo del Hombre, no están para que les sirvan, sino para servir e inclusive a dar sus vidas para rescatar una muchedumbre (Mateo 20:28). Esto ha sido y es norma de los líderes y servidores cristianos a través de los siglos. Desde el martirio de uno de los escogidos para servir las mesas de las viudas, el Diácono San Esteban (Hechos 7:48-60) en Jerusalén, hasta el asesinato de Monseñor Romero en San Salvador, la historia se repite. Las fuerzas del maligno se concentran para exterminar a quienes son portavoces no solamente del Dios altísimo, sino también de aquellos desposeídos de lo básico para su subsistencia.

En el libro del Apocalipsis, en tres pasajes distintos (Apocalipsis 1:8; 21:6; 27:13), se hace referencia al Señor como el Alfa y la Omega, el primero y el último. Un vistazo a la naturaleza, nos explicará cautivadoramente éstos pasajes. En las manadas de lobos siempre hay un lobo líder llamado alfa. Cuando este lobo envejece, es reemplazado y viene a ser el lobo omega, o sea, el último de la manada. Cuando la manada se ve amenazada por una bestia salvaje, el lobo que viene a pelear, es el lobo omega, el último de la manada, el que fue una vez el lobo alfa. Consecuentemente, todo lobo líder, un día, puede morir despedazado por una bestia salvaje. Jesús santo y bendito, siendo Dios, vino también a servir hasta el extremo muriendo por nuestra redención. Hasta este extremo, los verdaderos líderes, deben de estar dispuestos a padecer.

Es sorprendente que nuestros líderes no mediten sobre el hecho de que ellos están llamados a llegar si es posible hasta a sacrificar sus propias vidas por los demás. Si Ud. tiene la oportunidad de hojear la Biblia de un líder, se dará cuenta que muchos pasajes están subrayados. En un 90% de los casos, verá que Juan 3:16 está subrayado y que 1a. Juan 3:16 no lo está, aunque fueron escritos por el mismo apóstol. Deje por un momento de leer este folleto y continúe hasta que usted haya meditado sobre estos dos versículos y haya subrayado también el segundo de ellos, si es que no lo tenía marcado.

La verdad es que el líder, debe de estar dispuesto hasta a dar hasta su vida por sus hermanos. Ello implica un servicio tal, que se está dispuesto hasta a llegar al sacrificio máximo por amor a los hermanos. Monseñor Romero sabia que por hablar por los pobres, su vida estaba en peligro, y no por eso dejó de ser su vocero. Tanto los santos misioneros de nuestra iglesia, como también los de nuestros hermanos separados, son un ejemplo maravilloso de servicio y entrega amorosa. Dejándolo todo, se marchan a países del tercer mundo dispuestos a sufrir hambre, enfermedades, persecuciones, etc. Muchos de ellos llegan a sacrificar sus vidas para que el Evangelio de Nuestro Señor sea conocido. Como los hermanos separados que han querido evangelizar tribus primitivas en Sur América o África y que han sido comido por los "hermanos caníbales". Estos santos de Dios, estaban dispuesto a darlo todo, incluso sus vidas para que el Señor Jesús fuera conocido.

San Pablo expresa magistralmente el porque se hizo servidor olvidándose de su libertad. Servía porque así podría ganarlos para el Señor en mayor número (1ª Carta a los Corintios 9:19). La verdad es que si somos imagen y semejanza de Dios, hemos sido hechos semejantes a Jesús bendito para amar y para sentirnos amados. Sirviendo a los demás, nos llenamos más de la gracia y del amor del Señor, total que quien sale ganando es el que sirve a los demás y la iglesia, porque las personas, al sentirse amadas, se sienten atraídas hacia el Señor. Pero por sobre todas las cosas, un servidor debe de saber que él o ella es el instrumento que Dios ha puesto en este mundo para derramar toda su misericordia y dulzura a su pueblo. El Señor utiliza todo el cuerpo del servidor, sus ojos para mirar con dulzura, sus pies para llevar su mensaje por todas partes, su corazón para amar, su mente para guardar en ella la enseñanza del Señor.

Un servidor, debe de buscar en Cristo la fuerza y la sabiduría de Dios cuando sirva y enseñe. Usted me podrá rebatir diciéndome que entonces, si esas son las cualidades mínimas de un servidor, eso es difícil. La verdad es que ser servidor es muy difícil, quiere mucho sacrificio y mucha oración. Usted debe de pedirle al Señor que le dé sabiduría (Santiago 1:5). Usted sabrá cuando Dios le ha concedido sabiduría, porque comenzará a demostrar bondad y su comportamiento será un ejemplo a los demás, todos sus pensamientos serán puros y pacíficos, será más indulgente con los que le rodean, tendrá un corazón lleno de compasión y comenzará a producir buenas y abundantes obras.

La verdad es que muchas veces, personas con capacidad para servir, temen hacerlo porque piensan que aún no están preparados. Saulo de Tarso, escribió a los corintios: "Me presenté débil, iba inquieto y con mucho temor"(1ª Corintios 2:1-3). Si San Pablo hubiese hecho caso a su temor, nunca hubiésemos tenido todas las enseñanzas de ese gran apóstol; pero Saulo se fortalecía cada vez más.

¿ Cómo se fortalecía éste santo de Dios? De perseguidor, se convirtió en predicador comenzando a aferrarse al camino con manos limpias como lo hace todo justo (Job 17:9; Salmo 24:3-4). Él, educado en la escuela de Gamaliel en la exacta observancia de la ley (Hechos 22:3), sabía que Dios da fuerzas al cansado y le aumenta el poder al que no tiene fuerzas (Isaías 40:29). Por eso es que pudo decir que todo lo podía en Cristo que le fortalecía (Filipenses 4:13), hasta que finalmente, ya no vivía él, sino Cristo en él (Gálatas 2:20).

Todos debemos de identificarnos con David cuando cantaba: "Yahvé es mi luz y mi salvación, ¿A quien he de temer? Yahvé es la fortaleza de mi vida ¿Por quien he de temblar?" (Salmo 27:1).

¡ Que tristeza! En la actualidad, porque las personas que quieren ser fuertes, ejercitan mucho, van a los gimnasios, etc. Yo sé que San Pablo encontraba fortaleza en un gran gimnasio: sus rodillas, postrado en oración al Señor y sirviendo a sus hermanos en la formación de nuevas iglesias. Hoy es necesario que comencemos a estudiar la vida de Moisés, José, Josué, David, Salomón, Isaías, Jeremías, Ezequiel, Daniel, San Pablo, Priscila y Áquila, Timoteo, Tito, Apolo y todos esos grandes líderes en la Biblia. En ello encontraremos pautas a seguir en el pastoreo de la grey de Aquel que nos creó para amarnos los unos a los otros. Dios necesita urgentemente niñeros para el cuidado de sus amados hijos. Él está urgentemente necesitando de personas como Ud., que quieran aprender a ser como su hijo Jesús para que puedan amar y servir a su rebaño amado. ¿Está Ud. dispuesto a representar de Dios aquí en la tierra?. ¿Está Ud. dispuesto a permitir que Dios mismo ame a través de Ud.? Si es así, gracias, gracias desde el fondo de mi corazón. Dios mismo se goza de los siervos de sus hijos.

Nota: Tomado de la pagina "El lider Cariamatico" http://www.serve.com/Mario_Villalta/lider.htm

 

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