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Franciscanamente debería ser el trato del hombre con la naturaleza. El hombre debería amarla, hablarle y conservarla, como hacía San Francisco de Asís, el patrono celestial de los ecologistas, quien sabía que todo tiene a Cristo por cabeza, lo que está en los cielos y lo que está en la tierra.( Ef 1,9-10) El hombre se ha convertido en un tirano de la naturaleza y ésta se está revelando. Los cambios climáticos no andan lejos de ser consecuencia de esa cruel tiranía. Los recursos naturales renovalbles y no renovables son creación de Dios, Él , que en la cumbre de su creación, confió al hombre la responsabilidad de tutelar su armonía y desarrollo, es por ésto que el hombre ha de asumir el compromiso de mantener un ambiente sano, respetando con ello la vida y la dignidad humana, la diversidad biológica, los recur- sos genéticos, los procesos ecológicos, los parques y monumentos naturales. ¿Cuántos ríos desaparecidos? ¿Cuántos lagos contaminados? Como mi lago de Maracaibo de Venezuela, hoy seriamente contaminado y dañado y que en el ayer fuese el reservorio de agua dulce más grande del mundo. La Naturaleza es un Don de Dios y es responsabilidad de todos conservarla para todos nosotros y todas las generaciones futuras de la humanidad. EL CÁNTICO DE LAS CRIATURAS
Altísimo y omnipotente buen Señor, tuyas son las alabanzas, la gloria y el honor y toda bendición.
A ti solo, Altísimo, te convienen y ningún hombre es digno de nombrarte. Alabado seas, mi Señor, en todas tus criaturas, especialmente en el Señor hermano sol, por quien nos das el día y nos iluminas. Y es bello y radiante con gran esplendor, de ti, Altísimo, lleva significación. Alabado seas, mi Señor, por la hermana luna y las estrellas, en el cielo las formaste claras y preciosas y bellas. Alabado seas, mi Señor, por el hermano viento y por el aire y la nube y el cielo sereno y todo tiempo, por todos ellos a tus criaturas das sustento. Alabado seas, mi Señor, por el hermano fuego, por el cual iluminas la noche, y es bello y alegre y vigoroso y fuerte. Alabado seas, mi Señor, por la hermana nuestra madre tierra, la cual nos sostiene y gobierna y produce diversos frutos con coloridas flores y hierbas. Alabado seas, mi Señor, por aquellos que perdonan por tu amor, y sufren enfermedad y tribulación; bienaventurados los que las sufran en paz, porque de ti, Altísimo, coronados serán. Alabado seas, mi Señor, por nuestra hermana muerte corporal, de la cual ningún hombre viviente puede escapar. Ay de aquellos que mueran en pecado mortal. Bienaventurados a los que encontrará en tu santísima voluntad porque la muerte segunda no les hará mal. Alaben y bendigan a mi Señor y denle gracias y sírvanle con gran humildad. SAN FRANCISCO DE ASIS PAZ Y BIEN ESTEN CON TODOS Y EL SEÑOR LOS BENDIGA INFINITAMENTE |