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http://www.youtube.com/watch?v=z4R4PVEwX5U&feature=related Incluso muchos ateos, que por su condición de tales interpretan los Evangelios como relatos en gran medida ficticios, se estremecen con los pasajes, de innegable fuerza que describen la muerte de Jesús. Porque aun aquellos cuyos actos son monstruosos a menudo creen sinceramente estar haciendo el bien. Que uno los vea y no entienda cómo puedan engañarse a sí mismos es otro tema por completo. El hombre anhela ser bueno. Hitler es un personaje que horroriza a casi toda la Humanidad, pero sin duda él se veía a sí mismo como un patriota y un héroe que salvaría a Alemania de la terrible amenaza que, suponía, eran los judíos. Entre otras cosas, por supuesto. Si partimos de esa base, se entiende que los hombres de la calle, que en la Historia casi seguramente no haremos nada lo suficientemente bueno ni lo suficientemente malo para que se nos recuerde fuera de nuestro entorno y por largo tiempo, amemos el Bien aunque hagamos lo contrario, mal del que por otra parte se lamentaba el propio San Pablo en alguna de sus epístolas. Y creyentes o no, no podemos evitar llenarnos de congoja ante la historia de un hombre bueno que vino a predicar acerca de cosas tales de cosas como el amor a Dios y al prójimo, y a cambio fue vilipendiado, abofeteado, escupido, insultado, azotado y crucificado. Posiblemente para un ateo la historia termina allí. La Resurrección pasaría a ser entonces la derrota del Mal en el campo de la ficción y el triunfo que todo lo bueno y lo noble jamás alcanzará en la ficción. Reflexionaba sobre esto anoche, mientras veía por televisión un documental, ya emitido antes, acerca del supuesto hallazgo de una tumba que contendría los restos de Jesús. Los investigadores que hicieron el hallazgo parecen serios y sinceros; como mucho, podría creer que están equivocados, pero no que obran de mala fe. Pero la verdad es que que se trate o no de los restos de Jesús, no me viene ni me va. El resucitó y creo que para un creyente esto es algo que estará fuera de duda, pero lo que quizás no esté es el cómo. Tendemos, me parece a mí, a revestir de imágenes que nos resulten comprensibles todo aquello que no podemos entender; el misterio de la Resurrección podría ser un ejemplo, y tendríamos otro en la Ascensión. Subió a los Cielos podría no referirse al firmamento que conocemos sino a algún plano de existencia imperceptible para el ser humano pero admitido hoy por las teorías científicas. En realidad, los Evangelios nos cuentan que para evitar que los discípulos de Jesús robaran el cadáver del Señor y fingieran que éste había resucitado -o quizás, aunque no se atrevieran a decirlo, para impedir una auténtica Resurrección, aunque como intento es un tanto ingenuo- se colocó una piedra enorme ante el sepulcro y una guardia armada. Esto viene a cuento porque estoy dispuesto a aceptar que los restos hallados podrían ser los de Jesús, pero me parece que la interpretación de este hecho como prueba de que el Señor no resucitó, no es más que otra enorme piedra y otra guardia armada dispuesta por Satanás para impedir la Resurrección. Porque si bien hubo la que podríamos llamar "la" Resurrección, tres días después de la muerte de Jesús, podemos hablar de otras Resurrecciones relativas que ocurren casi a diario. Las podemos ver incluso en la misma Historia. Los ateos de los que hablábamos al principio, los que veían y ven la Resurrección sólo como un bonito cuento de hadas para consolarse de todas las victorias alcanzadas por el Mal en la vida real, pensarán en Jesús como en un revolucionario más entre tantos que fueron derrotados, junto con las nobles causas que defendían, por el poder de turno: Espartaco, Boudicca, etc. Pero incluso en los citados casos la Resurrección funciona a nivel metafórico. Espartaco y Boudicca lucharon por la dignidad y la libertad de los oprimidos y esto es algo que se conoce bastante. ¿Alguien recuerda quién los derrotó? Y, alguno habrá, pero con seguridad no serán mayoría, porque sus victorias no fueron gratas ni mucho menos, mientras que la nobleza de los ideales de los vencidos los hace inolvidables. Es también una forma de Resurrección. Nuestro Señor resucita día a día, triunfante, glorioso e invencible. Lo hace cuando florece un gesto de humanidad y compasión en medio de la más violenta tempestad de egoísmo. Lo hace cada vez que nos arrepentimos de nuestras faltas y cuando recobramos la fe que creíamos perdida para siempre; lo hace cada vez que una magnífica sonrisa brota de labios que más bien tendrían motivos para llorar, cuando se reconcilian dos enemigos que se decían irreconciliables y cuando alguien que no tiene fuerzas para continuar sigue adelante a pesar de todo. Lo hace cada vez que alguien sale del infierno de la droga, el alcoholismo y la depresión. A pesar de los brutales intentos del Mal por impedirlo, jamás dejará el Señor de ponerse de nuevo en pie, a través de nosotros mismos, cuando todo indique que jamás estará en condiciones de hacerlo de nuevo. Yo mismo lo viví en carne propia. He tratado de explicarlo antes, creo, en Salvavidas para Suicidas o Vieja radiografía de alma; pero lo cierto es que nadie que no haya pasado por el trance de odiarse a sí mismo hasta el punto de desear, con toda su alma, su propia muerte, será capaz de valorar la magnitud del milagro que el Señor hizo en mi vida. Como Lázaro, salí de una tumba en la que sólo faltaba mi cuerpo; ¿y pretenden que crea que Quien me sacó del sepulcro no fue capaz de salir El del suyo después de muerto? ¿Por qué? ¿Porque se encontró, presuntamente, una urna con sus restos? ¡Y vaya confianza que podemos depositar en la Diosa Ciencia que vive cambiando constantemente de parecer sobre temas tan variopintos como las propiedades curativas de las sanguijuelas, el tamaño del Universo, los motivos de la desaparición de los dinosaurios y qué sé yo qué más! Intentar seguir los descubrimientos científicos (yo lo hago) es arriesgarse a la locura. Hoy dicen una cosa y mañana se desdicen y pasado dicen que no, que lo cierto era lo dicho anteayer. ¡Madre mía!... ¿Qué hicimos para merecer esto? Posiblemente a la Ciencia haya que tratarla como a esas señoras mayores y muy charlatanas que ya no están del todo bien de la cabeza. Uno las escucha y las respeta porque tienen más años y más experiencia que uno, pero no se toma en serio toda su perorata... ¿Qué dice, Doña Ciencia? ¿Que Cristo no resucitó? Por supuesto que no... Pero yo que usted, por las dudas, pondría más piedras delante del sepulcro. No le van a servir de nada, pero por lo menos mientras tanto no se va a aburrir. Para terminar, los invito a compartir otro milagro, en este caso musical. En la época del Barroco vivió un hombre de quien se dice que no creía en Dios y, paradójicamente, fue magistralmente inspirado por El, y legó a la posteridad una de las obras cumbres de la música, a la que conocemos como El Mesías. De dicha obra he extraído el pasaje más famoso, cuyo título emerge de la misma Biblia. Como el coro que lo canta en el video, invito a los Lázaros de todo el mundo, a los leprosos sanados de sus llagas, a todos los que hemos sido bendecidos de mil maneras por el Señor y a quienes simplemente se sienten deslumbrados y empequeñecidos ante la majestad del Creador, a ponernos de pie y decir también nosotros: Aleluya. Felices Pascuas a todos. http://www.youtube.com/watch?v=u6_nJ11BgTE |