Ultimos Registros

Dennis Umaña(Dennis Umaña)
ALBA(almaviher)
Jesús Castañeda(Jesus Castañeda)
Nubia(nubia_primavera)
Elvira Romero Sanchez(elviradecadiz)
Alejandra Nas(alejandra78)
Francisco José Albarrán Domínguez(PacoCadiz)

Avisos Google

Referencias Google



QUE SE SEPA, SEÑOR, PARA TU GLORIA... PDF Imprimir E-Mail
Calificación del usuario: / 0
MaloBueno 
Escrito por EDUARDO ESTEBAN FERREYRA   
viernes, 30 de julio de 2010
,

...que tu poder es tal, que no sólo creaste el Universo y cuanto hay en él sino que, además, en un abrir y cerrar de ojos podrías solucionar todos los problemas de la Humanidad; que no lo haces, porque nos reservas esa tarea a nosotros, como un padre que deja que sus hijos pequeños lo ayuden en sus labores aun cuando no hagan más que un gran desastre que luego le da el doble de quehacer; que aunque no te veamos, allí estás, acompañándonos en nuestras risas y nuestros llantos, semejante al escritor que, reprimiendo el aliento, se conmueve con las pasiones de los personajes a los que ha dado vida; que cuando al Mal no le quede ya nada en pie para arrasar, allí estarás Tú, insuflando coraje a la Humanidad para renacer de sus propias cenizas e iniciar, obstinadamente, la reconstrucción; que permites que un millón de calamidades se abatan sobre tus hijos, porque amas verlos ennoblecerse mientras bregan por sobreponerse a la adversidad y a sus propias flaquezas; que cada uno de esos increíbles y aparentes absurdos que hallamos en nuestro camino y a los que ningún sentido hallamos, son en realidad como piezas de un rompecabezas que sueltas significan muy  poco, pero que integradas unas con otras forman algo concreto y coherente que por ahora escapa a nuestro entendimiento y que, aun pudiendo comprenderlo, nos dejaría mudos de asombro e incredulidad.

      Que se sepa, Señor, cuán lento eres para la cólera y cuán rápido para el perdón; que  cuando te enfureces, la Creación entera parece estremecerse hasta sus mismos cimientos; que ante el arrepentimiento sincero te ablandas y dulcificas hasta lo indecible, como una madre enternecida ante el hijo que la mira con los ojos muy abiertos; que puede uno temer tu ira, pero no tu abandono o tu indiferencia; que cuando castigas a tus hijos lo haces por amor y para que corrijamos nuestra conducta, y no por caprichos de gobernante déspota que no tolera la menor desobediencia; que podrías sentarte en tu Trono y exigir que la Humanidad se prosterne ante Ti, pero que en cambio más a menudo eres Tú quien se inclina sobre ella para sostenerla cuando tropieza y cae; que sepa que tus múltiples exigencias agobian hasta al más voluntarioso y valiente de tus fieles; que se sepa que hasta el menos voluntarioso y más cobarde acaba aceptando ésas y mil más, a cambio de sólo saberte a su lado.

      Que se sepa, Señor, para tu Gloria, cómo lamentas que la gente sólo clame pasivamente por tu ayuda, como si estuviera impedida por mil deficiencias, en vez de acompañar su oración con actos concretos para ayudarse a sí misma; que se sepa que tras la voz del médico que anuncia a su paciente que tiene los días contados estás Tú, anunciando a un hijo muy amado que  en una fecha próxima deberá comparecer ante Ti; que se sepa el orgullo irreprimible que te invade cuando ese hijo se rebela ante el diagnóstico fatal y, mirándote a los ojos, te responde: Eso está por verse; que se sepa que estallas de felicidad cuando uno de tus hijos opone denodada resistencia a la Muerte, demostrándote con ello que el don de la vida, que con tanto cariño le diste, le fue grato; que se sepa cómo te gusta que la gente se niegue a aceptar un destino que le es odioso y que interpreta como decisión tuya; que se sepa cómo sonríes al verla usar sus energías para modificar ese destino, como sonríe un padre que juega a la lucha con su hijo para medir las fuerzas de éste antes de permitirle ganar.

      Que se sepa que, alguna vez, te odié con toda la furia con que puede un mortal aborrecer a su Creador; que se sepa con qué extraño e infinito amor, que tanto demoré en comprender, respondiste a tal sentimiento. Que se conozca con cuánto ahínco traté de destruir mi propia vida y cómo fracasé una y otra vez; que se cuenten todas las plegarias que te elevé pidiendo una vida menos dura; que se sepa que tenías otros planes, y que antes que ablandar mi vida preferiste endurecer mi voluntad; que a algunas de ellas respondiste tardíamente, sólo para demostrarme que para ser feliz no era esencial, después de todo, aquello que había pedido; que me diste mucho menos que a quienes veía a mi alrededor, pero que en cambio me enseñaste a disfrutarlo más, de manera similar a esos países que, disponiendo de poca tierra cultivable, la aprovechan al máximo y terminan produciendo tanto o más grano que otras naciones más vastas en tierras fértiles.

      Que se sepa que la vida que me diste fue todo, menos monótona y aburrida; que de hecho, por demasiado pródiga en emociones a veces me es fatigosa y sin embargo me resisto a dejarla, igual a un niño que, en un parque de diversiones, se ha divertido subiendo a muchos juegos mecánicos y, corriendo de uno a otro, tropezó, cayó y lloró mil veces y ahora está que se duerme de puro cansancio, pero se niega a volver a casa, pues sospecha que todavía le aguardan muchas sorpresas que no quiere perderse; que se sepa que fuiste mi amigo cuando no tuve amigos, mi consuelo cuando no encontraba consuelo y mi fuerza cuando no me quedaba ninguna otra; que te amé más que a nada en el mundo, no obligado por un mandamiento, sino porque el sentimiento nació y creció hasta superarme, como un al principio raquítico arroyuelo que gana cauce y brío hasta desbordarse, incontenible y arrollador,  arrasando con cuanta represa se erija intentando contenerlo; que se sepa que en mis últimos instantes de vida, y en tanto subsista algo de consciencia en mi cerebro, te reconoceré como mi más fiel Amigo, mi Padre y mi Señor, y abandonaré este mundo bendiciendo tu Nombre

Modificado el ( sábado, 31 de julio de 2010 )
 

Para poder publicar un comentario Ud. debe ser un usuario registrado.

< Anterior   Siguiente >