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Escrito por NINOSKA VILLALOBOS   
viernes, 10 de septiembre de 2010


"SIN MIEDO A LA MUERTE"

No llores si me amas

Autor: San Agustín

 No llores si me amas
¡Si conocieras el don de Dios
y lo que es el cielo!
Si pudieras oír el cántico de los ángeles
y verme en medio de ellos!
¡Si por un instante pudieran contemplar,
como yo, la belleza, ante la cual
las bellezas palidecen!
¡Me has amado en el país
de las sombras y no te resignas a verme
en el de las inmutables realidades?
Créeme, cuando llegue el día
que Dios ha fijado,
y tu alma venga a este cielo,
en que te ha precedido la mía,
volverás a ver a este corazón
que siempre te ama, con todas
sus ternuras purificadas,
transfigurado y feliz,
no ya esperando la muerte,
sino avanzando contigo por senderos de luz.
Enjuga tu llanto, no llores si me amas.

Cuando se pierde a un ser querido , el  mundo se derrumba ante nosotros, tenemos una sensación de vacío que no se puede llenar, y nada nos consuela, sólo anhelamos que ese ser  que tanto amamos, vuelva, pero tarde o temprano, tenemos que aceptar la realidad, no importa lo que nosotros deseemos, que no la aceptemos, de nada sirve  que sintamos terror, la muerte siempre llega a nuestras vidas.

Lo natural es nacer y morir pero cuando a un ser querido le llega la hora, sea como fuere,  no estamos preparados, como si fuera algo que nunca pudiera ocurrir, como si estuviera ajeno a nuestra condición de humanos,  pero cuando pasa , pensamos en por qué no disfrutamos de esa persona, por qué no aprendimos de ella, porque…. Muchas preguntas, pero la respuesta está muy clara, sólo que cuesta muchisimo asumirla,  muchos nos dicen: vive con plena conciencia cada segundo, disfruta cada paso de la vida, y acepta todo lo que ocurra con alegría y buen carácter. Es fácil decirlo, pero otra cosa es para el que le sucede.

Hay otros mecanismos de respuesta ante la muerte, ya sea la propia o la de un ser amado, la culpabilidad, la depresión, el suicidio etc… pero son opciones alejadas del sentido común y que nos pueden llevar por caminos de sufrimiento que son innecesarios.

No deseo la muerte de nadie y menos de un ser querido, pero  tuve que aprender a aceptarla como algo natural, y que irremediablemente ocurrirá.  Deseo que hasta que esa hora llegue, el Señor me de la gracia de  ser capaz de vivir la vida, sin pensar tanto en lo que pasará y siendo más conscientes del presente, de lo que acontece en cada instante, por muy cotidiano que parezca. Para entender esto , tuve que reconciliarme con esa vieja enemiga,  (LA MUERTE) , abrí   mi corazón, y sin miedo acepté que es algo natural, mientras llega el momento disfrutaré de la vida , disfrutaré de mis afectos, sin tantos temores.

Finalmente comprendí, con la ayuda de mi amado Señor, y con los CONSEJOS de un hermano muy querido y especial, que la muerte es sólo el camino que nos lleva a la vida eterna, prometida por Dios.
Por ello no hay que preocuparse. No me cabe duda que tras la muerte,   el Señor  tiene reservados  grandes lugares para los que Él llama a su presencia,  recibirán un gran regalo y ese regalo es permanecer en los corazones de aquellos que los han querido.

“RECONCILIANDOME CON UNA VIEJA ENEMIGA”

Hoy he venido a hablarte, muerte

como me hablo cuando estoy a solas,

cuando me alejo de pensamientos tristes,

cuando lucho con terroríficas  sombras.

 Hazte mi amiga, para no temerte,

porque tu quieta y muda caricia,

recorre  mis labios, recorre mi mente

cubriendo mi alma de pavor creciente.

 Y  te digo valiente, llévame a mí,

no a los que amo, maldita muerte,

eres  oscuridad, frio y sombras

el silencio reina en tu mundo inerte.

 Ante ti, amiga, un corazón ardiente callará,

todos los sentimientos y los recuerdos cesarán,

los labios perderán su rubor y de azul tornará su color,

las mejillas luminosas, empalidecerán, la sangre se helará.

 Encontrarás, muerte, la mirada y huirá de ella la luz,

 los vibrantes colores desaparecerán y quedará vacía,

y la sutil fuerza que el cuerpo tenía, se abatirá,

y todo aquello que se era, ya no será más.

 Pero tu, funesta amiga, no eres el final,

sólo eres un puente, que todos vamos a cruzar,

y aunque el umbral sea oscuro, una luz brillante nos recibirá

y nuestra alma en suplicio y angustia, encontrará paz.

 Puedes acabar el cuerpo, y  apagar la voz,

puedes llevarte el aliento y ahogar un suspiro,

pero jamás te llevaras el alma y el espíritu,

porque no nos matas tu, amiga , sino el olvido.

 No quiero temerte, muerte

porque al fin, he comprendido

que cuando el  temor acaba,

la vida cobra un glorioso sentido.

 N.V    Y     E.E.F

Modificado el ( viernes, 10 de septiembre de 2010 )
 

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