El papa Benedicto XVI se ha referido al uso de las redes sociales, considerando que ofrecen una gran oportunidad al decir “El desarrollo de las nuevas tecnologías y, en su dimensión más amplia, todo el mundo digital, representan un gran recurso para la humanidad en su conjunto y para cada persona en la singularidad de su ser, y un estímulo para el debate y el diálogo”.
Sin embargo, considero que el uso que hace la Iglesia, de los modernos medios de comunicación digital, como las redes sociales, como de los medios de comunicación social en general, no es fruto de la planificación, investigación y análisis. Son intentos tibios de adaptarse al mundo moderno, que están lejos de constituir una comunicación integrada que forme parte de un programa de sociotecnia.
Creo oportuno, recordar algunas consideraciones que hice al escribir “El marketing social puede ser un instrumento de evangelización”, hace unos diez años, muchas de las cuales siguen vigentes: “La sociotecnia ayudaría a la Iglesia a mejorar su imagen lo que le permitirá propagar con mayor eficacia el mensaje del evangelio por todo el mundo y a tener más influencia en las personas.
Considero que la Iglesia Católica necesita un programa general de sociotecnia cristiana perfectamente coordinado y continuo que mejore su presencia y su influencia entre las personas y le permita cumplir con eficacia con el mandato de Cristo “Id y enseñad”. [1]
Es especialmente preocupante la comunicación de la Iglesia; adolece de interacción, le falta predicadores bien preparados y dotados de una correcta oratoria.
A los programas de radio y televisión realizados por laicos, les falta una moderna narrativa, profundidad, debate de ideas y creatividad.
Por lo tanto, no se debería despreciar a tecnologías de gestión modernas, que como la sociotecnia pueden acompañar al testimonio para que mejorar presencia de la Iglesia en el mundo.
La aparición y el desarrollo de las nuevas tecnologías, nos marcan que estamos viviendo una nueva era, lo que significa un verdadero desafío para el cristianismo contemporáneo.
Se puede observar como otros cultos recurren a todos los adelantos disponibles, para difundir su mensaje y tenemos que admitir que cada vez tienen más seguidores, muchos ellos católicos que no encuentran respuestas a sus necesidades en nuestra Iglesia.
Desarrollar Nuevos modelos mentales
La situación actual, requiere que los obispos de este tiempo tengan una visión amplia y acepten que el cambio que están provocando el desarrollo de las telecomunicaciones y la informática es irreversible.
No deben dejarse llevar por modelos mentales que frenen el cambio, por el contrario, deben adoptar modelos mentales que les permitan adaptarse a los cambios que se producen en el mundo y así estar en condiciones de responder, con mayor agilidad y eficacia a los interrogantes que se plantea el hombre contemporáneo.
Los obispos deberían destacarse, ante todo, por la predicación del Evangelio en una forma comprensible para el hombre de hoy. Y si bien es necesario denunciar "las injusticias y las indignas desigualdades"[2] " la misión propia que Cristo confió a su Iglesia no es de orden político, económico o social. El fin que le asigno es de orden religioso".[3]
Siguiendo a Peter Senge podemos decir, que se hace necesario que ellos den el ejemplo a seguir por toda la Iglesia, de asumir un compromiso constante con el aprendizaje; y no le deben temer a la innovación, a la creatividad y a la adopción de disciplinas nuevas como la sociotecnia, que ayudarán a que la Iglesia no siga perdiendo influencia en los hombres y en las sociedades. Al contrario, pienso que una Iglesia abierta al dialogo y renovada en su forma de presentarse al mundo, puede trabajar con más eficacia en busca de alcanzar la necesaria unidad de todos los cristianos, católicos y protestantes, para que así viéndose la unión y en amor entre los cristianos, el mundo crea.[4]
La Iglesia ante un nuevo escenario
La Iglesia Católica que tuvo una presencia preponderante en el mundo occidental, viene perdiendo influencia en las personas y en las sociedades.
Es particularmente interesante el caso de América Latina, donde en algunos países llego a tener una adhesión de aproximadamente el noventa por ciento de la población. Sin embargo, en los últimos años muchas personas se están volcando hacia las "iglesias evangélicas" y otros cultos a Dios. El fenómeno se está dando en forma lenta pero continua, sobre todo en los sectores más humildes de la población que se sienten identificados con una forma de predicar más sencilla aunque con muchas distorsiones.
Llama la atención, que siendo una de las prioridades de la Iglesia la opción preferencial por los pobres, disminuye su presencia entre ellos, mientras crece la influencia de estas "nuevas iglesias".
La situación actual debería invitar a considerar seriamente, que la Iglesia tiene que asumir que tiene "competidores" en su misión de evangelizar, que en algunos casos utilizan métodos que confunden a las personas y que en este tiempo de cambio constante, lo que posibilitará que la Iglesia responda eficazmente a las necesidades espirituales de los hombres y así poder influir en sus corazones, es la capacidad de aprender de la sociedad y de entender sus problemática antes que los "competidores", sean "iglesias" evangélicas, otras religiones, moral secular, etcétera.
La Iglesia no tiene otro camino que adaptarse a este escenario, pues no puede quedarse en una actitud pasiva observando como día a día, cada vez más personas son atrapadas por una visión errónea de lo que es el cristianismo o directamente abandonan toda práctica religiosa.
Esto llama a la Iglesia, a modificar su comportamiento como comunidad cristiana, a partir de un cambio profundo de cada uno de sus miembros, desde la jerarquía hasta el más humilde de los laicos, pues ninguno de nosotros debe olvidar que somos meros instrumentos del Señor, que debemos perfeccionarnos día a día.
Para que la gente considere a la Iglesia como la mejor portadora del mensaje de salvación, la Iglesia debe dar testimonio de ser una gran comunidad que, como dice Peter Senge, aprende y continuamente expande su capacidad para crear su futuro. Es decir que debe ser, lo que Senge denomina una organización inteligente”.
Estas consideraciones, siguen formando parte de mi pensamiento y deseo que sirvan como un punto de partida para un profundo debate entre todos los cristianos, sobre cuál es la presencia que la Iglesia Católica pretende tener en el mundo contemporáneo.
[1] Evangelio según San Mateo, Cap. 28 versículo 19.
[2] Mensaje de los Padres del Concilio Ecuménico Vaticano II 21/10/62 nro. 13.
[3] Concilio Vaticano II, Constitución Pastoral Sobre La Iglesia En El Mundo Actual punto nro. 42.
[4] Ver Evangelio según San Juan, Cap. 17 versículo 23.
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