Inicio arrow Blog arrow LA VOCACION DE SER UN APOSTOL.

Ultimos Registros

Dennis Umaña(Dennis Umaña)
ALBA(almaviher)
Jesús Castañeda(Jesus Castañeda)
Nubia(nubia_primavera)
Elvira Romero Sanchez(elviradecadiz)
Alejandra Nas(alejandra78)
Francisco José Albarrán Domínguez(PacoCadiz)

Articulos Relacionados

Avisos Google

Referencias Google



LA VOCACION DE SER UN APOSTOL. PDF Imprimir E-Mail
Calificación del usuario: / 1
MaloBueno 
Escrito por galo molina molina   
miércoles, 23 de noviembre de 2011

«Toda la Iglesia es apostólica en cuanto que ella es "enviada" al mundo entero; todos los miembros de la Iglesia, aunque de diferentes maneras, tienen parte en este envío. "La vocación cristiana, por su misma naturaleza, es también vocación al apostolado". La vocación es un sello que nos marca en lo más profundo del ser, algo para lo que uno está hecho, constituido por Dios "desde el seno materno" es un llamado interior. Se percibe de diversas maneras a lo largo de la vida y la descubre quien hace el suficiente silencio interior y se pone a la escucha de lo que el Señor le pide. Quien la descubre y acepta, puede ser que luego de una resistencia interior fruto de una insuficiente conversión a Dios, se dice a sí mismo con plena certeza: "¡Esto es! ¡Para esto he nacido! ¡Al fin he hallado lo que mi inquieto corazón andaba buscando!". En ese momento o instante de luz y claridad sobreviene un gozo muy profundo e intenso, una desbordante alegría que necesita compartirse, una paz y serenidad enorme que inunda el corazón hasta entonces inquieto e incluso a veces angustiado.                   

El apostolado es una vocación, es un llamado que Dios nos ha hecho a cada uno "desde el seno materno". Cuando también a nosotros el Señor nos envía haciéndonos partícipes de su misma misión, nos hace un llamado explícito que corresponde a su vez a un llamado interior. En efecto, el Señor nos invita a responder a aquello para lo que estamos hechos: para el apostolado. Se trata de un llamado que nos toca a todos, sin distinciones.

Quien está hecho para el apostolado, tú y yo, necesitamos realizarnos en el apostolado. En esto nadie puede sentirse excluido. En este sentido, el «¡ay de mí si no evangelizo!» de San Pablo, la experiencia común de esa necesidad y urgencia de anunciar al Señor y su Evangelio, no se debe únicamente al hecho de que predicar el Evangelio es «un deber que me incumbe», sino también a que es un reclamo de todo nuestro ser que necesita ser respondido.

 

Para poder publicar un comentario Ud. debe ser un usuario registrado.

< Anterior   Siguiente >