¿La Clave para Vivir la Vida Cristiana se encuentra en el Monte Sinaí o en el Monte Calvario?
¿Cuál es la regla de vida para el creyente? ¿Por cuál regla debería vivir? ¿Cómo ha de vivirse la vida cristiana? ¿Qué normas debo seguir y en qué debo fijar la vista? Como creyente, ¿cómo debo andar? Algunos insisten en que la regla de vida del creyente es la LEY. Cuando dicen “LEY”, se refieren en especial a la ley moral de Dios como es expuesta en los Diez Mandamientos. ¿Cómo he de vivir? Su respuesta sería ésta: “Debo vivir por la ley de Dios. Debo vivir por los Diez Mandamientos. Esta es mi regla de vida. La clave para vivir la vida cristiana y la clave para andar en santidad es tratar de obedecer la santa ley de Dios, especialmente los Diez Mandamientos, que el Señor Jesús resumió en dos grandes mandamientos: amar a Dios con todo tu corazón y amar a tu prójimo como a ti mismo”. Compare Mateo 22:36-40. Mientras más tratamos de guardar la santa ley de Dios, tanto más fracasamos. Aún como creyentes regenerados, no podemos, con nuestras fuerzas, elevarnos a la altura de la medida de la perfecta justicia de Dios. El problema no radica en la ley, porque “la ley a la verdad es santa, y el mandamiento santo, justo y bueno” (Romanos 7:12). El problema está en el creyente: “Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien; porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo” (Romanos 7:18).
Esto es similar al problema que tuvieron los israelitas cuando primero se les dio la santa ley de Dios. Su respuesta a los mandamientos fue la siguiente:”Todo lo que el Señor ha dicho, haremos”. Ellos eran sinceros en su deseo de obedecer, pero, tal como sabemos, ellos fracasaron miserablemente en guardar los mandamientos de Dios. Ellos no entendieron su propia debilidad. Vea el lamento de Dios en Deuteronomio 5:29: “¡Quién diera que tuviesen tal corazón, que me temiesen y guardasen todos los días todos mis mandamientos!”
¿Hacia dónde debe dirigirse una persona para encontrar la regla de Dios para vivir la vida cristiana? Los que se guían por principios legales, dirigirían a la persona al Monte Sinaí, el lugar donde Moisés recibió la ley de parte de Dios. Ellos dirían, “Necesitas ir al Monte Sinaí. En el Monte Sinaí encontrarás la llave para vivir la vida cristiana”. Cuando se trata de cómo la persona es salva y cómo la persona es justificada, te envían al Monte del Calvario, donde murió el Salvador por pecadores merecedores del infierno. Te dirigirán apropiadamente a Jesucristo y a ÉL crucificado, como la única esperanza del pecador. El Monte Sinaí nunca podrá salvar a una persona, sólo puede condenarla. “Por medio de la ley es el conocimiento del pecado” (Romanos 3:20), y el Monte Sinaí sirve eficazmente al propósito de mostrar a la persona su pecado, demostrándole que está condenada ante un Dios santo. La ley nunca puede salvar: “Sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe de Jesucristo, nosotros también hemos creído en Jesucristo, para ser justificados por la fe de Cristo y no por las obras de la ley, por cuanto por las obras de la ley nadie será justificado” (Gálatas 2:16). La ley nunca puede justificar. Sólo puede mostrar a la persona cuán INJUSTA y MALA es en realidad. La ley es el ESPEJO de Dios que muestra a la persona su verdadera condición.
Cristo y ÉL crucificado es la única defensa del pecador.” Cuando se trata del proceso de santificación y de cómo un creyente puede vivir una vida santa y apartada, entonces es cuando ellos envían a la persona de regreso al Monte Sinaí. “El cristiano nunca debe despedirse de la ley. Gracias a Dios, ya no estamos bajo ella como camino de salvación; pero debemos guardarla, debemos honrarla, debemos practicarla en nuestra vida diaria.” “Hoy en día los creyentes no están bajo la ley, ni como medio de justificación ni como regla de vida, sino son justificados por gracia y deben andar en la gracia. Tenemos aquí (en Romanos 7:14-25) primordialmente a un judío creyente que está luchando para obtener la santidad usando la ley como regla de vida, y tratando de obligar decididamente a su vieja naturaleza a someterse a ella. En el cristianismo encontramos que el creyente gentil común atraviesa por la misma experiencia, porque el legalismo se enseña comúnmente casi en todas partes. Por lo cual, cuando alguien se convierte, no es sino natural razonar que ahora que uno ha nacido de Dios, es sólo una cuestión de determinación y persistente esfuerzo someterse a la ley y que uno logrará una vida de santidad. Y Dios mismo permite que la prueba se realice, de modo que Su pueblo aprenda por experiencia que la carne en el creyente no es mejor que la carne en el inconverso. Cuando desiste de su propio esfuerzo él encuentra liberación por medio del Espíritu al ocuparse con el Cristo resucitado”. 5 MANERAS DE CÓMO ANDAR EN OBEDIENCIA
1. Hay que andar en amor – Efesios 5:2
2. Hay que andar como hijos de luz – Efesios 5:8
3. Hay que andar como sabios – Efesios 5:15
4. Hay que andar en el espíritu – Galatas 5:16
5. Hay que andar en Cristo – Colosenses 2:6
Efesios 4:17
“Esto, pues, digo y requiero en el Señor: que ya no andéis como los otros gentiles, que andan en la vanidad de su mente, teniendo el entendimiento entenebrecido, ajenos de la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay, por la dureza de su corazón; los cuales, después que perdieron toda sensibilidad, se entregaron a la lascivia para cometer con avidez toda clase de impureza.”